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Como crear empresa y no morir en el intento

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Hace un par de años y medio deje mi trabajo de 14 años en al UNAM (estoy hablando de una jefatura, 7 semanas de vacaciones al año pagadas, seguros médicos y de asistencia social del estado, créditos para adquirir casa, estímulos por antiguedad, vales de despensa, etc, etc). Por mi status académico pude haber pedido un permiso con goce de sueldo por un año y no lo hice, me lancé a caminar sobre el alambre sin red de protección.

Tarde muchos años en darme cuenta que mi sueño era fundar mi propia empresa, no voy a negar que un trabajo como el que tenía me hizo caer en una zona de confort, que al final acabo pudriéndome. Yo no quería tener una mínima opción de regresar, por eso es que renuncié sin optar por el permiso con goce de sueldo, no quería tener ningún colchón donde caer si las cosas me iban mal como independiente.

Afortunadamente desde el día siguiente que dejé la UNAM, tenía trabajo, mucho mejor remunerado que aquel. Tarde unos pocos meses en darme cuenta que tampoco quería un buen trabajo, yo lo que quería era crear mi empresa, así que volvía a renunciar a otro “excelente” trabajo. No iban a pasar otros 14 años en esa zona de confort que da el cobrar cada quincena.

El punto al que voy es que desde hace dos años a la fecha cree mi propio estudio de comunicación y marketing digital. No me ha ido nada mal, al contrario, comencé a viajar más, a dar charlas en México y en el extranjero, la construcción de una marca que sin querer había construido durante varios años estaba dando resultados.

Monté la oficina en mi propio estudio, una computadora portátil, una impresora y mi conexión a internet bastaban. Podía despachar desde mi casa, ahorrando en comidas, gasolina, estacionamientos, etc., pero lo más importante para mi: el tiempo que se desperdicia en trasladarse a una oficina podía utilizarse en ser más productivo. El tipo de trabajo que desarrollo me permite mantener los gastos de operación al mínimo, donde haya una conexión a internet, esa puede ser mi oficina, los Starbucks en ese sentido resultan muy cómodos.

En el inicio de la boyante explosión de Social media en México, la gestión de perfiles era lo que me importaba, solía “regalar” la estrategia para quedarme con las cuentas y el trabajo. Error, poco a poco fui migrando al lado de la consultoría, entendí que mi bien más preciado era mi “know how” mi nombre detrás de cada estrategia, de tal modo que hoy en día puedo elegir con que clientes quiero trabajar, y generalmente son aquellos que entienden el valor de lo que hago y están dispuestos a pagarlo sin decirme: “échale ganitas…” (esa expresión generalmente significa: bájale a lo mínimo a tu presupuesto para darte el trabajo). No señores, el “echale ganitas” ya pasó. Nuestro trabajo cuesta y los clientes deben entender eso, si no pueden pasar de largo.

En fin, desde hace dos años a la fecha me he divertido con mi empresa (Isopixel One) hago lo que quiero, trabajo con quien quiero, a mi ritmo, viajo, voy a eventos, conozco gente valiosa. Afortunadamente el negocio sigue creciendo y de pronto me doy cuenta que las actividades son demasiadas y ya no resulta tan divertido. Por lo que me encuentro en una encrucijada, pero de las lindas, es decir, he entendido que debo seguir creciendo, pero que esto no debe aniquilarme.

He estado leyendo el libro de Michael Gerber, E Myth, El mito del emprendedor, donde he aprendido que la mayoría de las pequeñas empresas pasan por tres etapas: infancia, adolescencia y madurez

1. Infancia
Durante ésta etapa el empresario es el negocio. El hace el trabajo, ve clientes, vende, barre. En ésta etapa el negocio es poco estable y el riesgo de fracasar es alto.

2. Adolecencia:
Si se logra pasar la infancia, el negocio pasará a la adolescencia. Aquí el empresario decide buscar ayuda, porque ya no puede con todo el trabajo. En esta etapa el empresario busca formar un equipo y aprende a transferir ciertas responsabilidades a las manos de otros.

3. Madurez:
Hay un buen equipo formado y se han implementado sistemas que funcionan sin la intervención directa del dueño.

En estos dos años de empresario independiente he pasado por la infancia de mi negocio de manera muy satisfactoria, pero como bien dice Michael Gerber, uno no puede hacerlo todo.

Desde hace seis meses me he visto en la disyuntiva de crecer, en términos prácticos lo he hecho, contratando más gente y adquiriendo más clientes. Es decir, estoy pasando gradualmente a la etapa de adolescencia del negocio. Todo ha sido en base al aprendizaje a la antigua, es decir al viejo y conocido método de aprender en base a tropezarse y volverse a levantar.

Dominar las áreas técnicas en las cuales me especialicé, es decir, diseño y marketing, es muy diferente a saber administrar un negocio. De pronto me enteré que debía llevar las cuentas, elaborar facturas, hacer contratos, labor de ventas, además de realizar papeleos diversos, hacer llamadas, asistir a reuniones, ir a eventos, viajar, y un largo etcétera… Si no se tiene cuidado, al final acabas teniendo jornadas de más de 12 horas y el autoempleo también se vuelve una pesadilla.

Mientras yo sigo en la disyuntiva de llevar el negocio a otro nivel, aquí les dejo algunos tips muy concretos que he tenido que ir aprendiendo para no sucumbir en el intento de ser un empresario independiente:

Si tu negocio depende de Internet como es mi caso, hay varias funciones que se pueden delegar:

1. En vez de diseñar o rediseñar tu sitio, contrata a un diseñador y a un desarrollador, hay personas que cumplen ambos perfiles en uno solo.

2. Si tienes un servidor dedicado, no trates de administrarlo tu. Contrata a un experto, dependiendo de la complejidad de tus cuentas, se puede conseguir quien administre un servidor hasta por $150 dólares al mes.

3. Quizás una de las áreas más complejas (y que más resistencia me genera) es la contabilidad. Pero es vital para la empresa, sin dinero no hay negocio. El consejo aquí es contrata los servicios de un buen contador, no la lleves tu. Te vas a embromar, créeme. Un contador te puede hacer el trabajo freelance hasta por unos $50 dólares mensuales.

4. Otra de las cosas que em cuestan trabajo es organizar mi agenda, responder emails, hacer llamadas, confirmar citas, enviar artículos, coordinar asesorías, etc. Casi todas estas funciones administrativas las puede realizar un asistente. Esto sólo lo he logrado de manera parcial. Aún no he aprendido a delegarlo del todo.

5. Crear nuevos productos. Tu te dedicas a vender algo y deseas diversificar tu oferta ¿Cierto? Si bien eres tu quien los diseñará, puedes contratar ayuda para aterrizarlos y darles forma. Imagina que tu te enfocas al marketing digital, pero ahora quieres darles a tus clientes un servicio completo y quieres también ofrecer SEO, o Social Media y desarrollo de sitios. Es necesario definir lo que vas a ofrecer en cada producto y como se van a integrar.

6. Aunque todo emprendedor debe saber vender es importante tener a alguien especializado en ventas y con experiencia en el área. Quizás sea aquí donde mayor desembolso tengas que hacer, al final del día valdrá la pena. La mayoría de los agentes de ventas trabajan bajo el esquema combinado de sueldo fijo más comisión (sobre el ganancia, no de la venta total).

Con el paso del tiempo he aprendido que si podemos delegar este tipo de funciones, es posible dedicarse de lleno a la venta de nuestros productos y a desarrollar nuevos proyectos, lo que según Gerber son los pilares fundamentales de un buen negocio.

Otra de las ventajas que proveen las nuevas tecnologías es que el trabajo puede hacerse desde casa, no necesitas contratar al personal de tiempo completo ni hacerlos que se trasladen, con el consecuente gasto que eso conlleva además de ahorrar tiempos en tráficos tan infernales como el del D. F. Mi editora en jefe por ejemplo, despacha desde Seattle, tengo editores en varios estados de la República y a lo largo de estos dos años y medio he tenido editores en Colombia, España y USA. De este modo, no tienes empleados, si no profesionistas independientes que te venderán sus servicios a cambio de una tarifa. Basada en el número de horas laboradas, o bien a partir de metas u objetivos previamente acordados.

Esto te permite mantener la operación del negocio dentro de presupuestos aceptables, más aún si es que estás empezando como independiente, donde los ingresos aún no son muy grandes. Aunque claro, la idea es seguir creciendo.

Ésta última es la disyuntiva donde me encuentro en este momento, pasar a la adolescencia del negocio o seguir afanado en la infancia, donde yo soy el que hace casi de todo en el negocio.

Espero mi historia y estos pequeños consejos les sean de utilidad.

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Por Raúl Ramírez

Tech journalist, diseñador, blogger, marketing digital. Editor en jefe en https://isopixel.net. Colaboro en @Nibble20. Speaker, marketing, gadgeteer & serial geek.