Deserción escolar en México: el problema que las admisiones tradicionales siguen ignorando

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En México, el abandono escolar continúa siendo una de las mayores ineficiencias estructurales del sistema educativo. Diversos análisis estiman que cerca del 30% de los estudiantes que ingresan a preparatoria y universidad no concluyen sus estudios, una cifra que, trasladada al ámbito empresarial, equivaldría a aceptar que tres de cada diez productos de una línea de producción se pierdan antes de llegar al mercado. 

Para Laura Elizondo, especialista en inteligencia educativa y fundadora de Lexium, el problema no radica únicamente en el desempeño académico del estudiante durante su trayectoria escolar, sino en una falla mucho más profunda: las instituciones siguen admitiendo alumnos con información incompleta sobre su verdadero perfil de éxito académico.

“Un 30% de deserción es una ineficiencia que ninguna industria aceptaría. El problema es que seguimos tomando decisiones de admisión basadas principalmente en promedios, cuando estos no reflejan la realidad integral del estudiante”, señalan especialistas en inteligencia educativa, al advertir que la retención estudiantil no es solo un indicador administrativo, sino el síntoma de una desconexión profunda entre el perfil del aspirante y las exigencias del modelo académico actual.

De acuerdo con el reciente reporte de Gartner sobre Tendencias Tecnológicas Estratégicas 2026, la clave para elevar los niveles de retención radica en la capacidad de las organizaciones para implementar sistemas que permitan una toma de decisiones anticipada y autónoma, transitando hacia lo que hoy se conoce como Aprendizaje de Precisión.

La ineficiencia educativa detrás de la deserción

El problema de la baja retención tiene una raíz estructural que se manifiesta desde el proceso de admisión. Cuando las instituciones aceptan estudiantes basándose únicamente en promedios estandarizados, pasan por alto variables críticas relacionadas con habilidades cognitivas, emocionales y hábitos de estudio, factores que determinan el desempeño real del alumno.

Este fenómeno se explica por la dispersión estadística: aunque una generación pueda parecer estable en el papel, en realidad conviven subgrupos con niveles muy distintos de preparación académica. Diversos análisis del sector muestran que solo una parte de la población estudiantil cuenta con el equilibrio ideal de habilidades y hábitos, mientras que el resto requiere acompañamiento o intervención inmediata para evitar el abandono.

¿Por qué se compromete la retención?

La heterogeneidad en las aulas responde a múltiples factores, entre ellos:

  • Disparidad socioeconómica y cultural: Los estudiantes llegan con antecedentes educativos y niveles de acceso a recursos muy diferentes.
  • El espejismo del examen de admisión: Muchos aspirantes logran ingresar tras prepararse específicamente para una prueba de conocimientos, ocultando brechas estructurales en habilidades de aprendizaje que dificultan su permanencia académica.

Ante este escenario, especialistas coinciden en que las instituciones deben profesionalizar sus procesos de admisión y acompañamiento utilizando inteligencia de datos que permita comprender al estudiante de manera integral desde el primer momento.

Analítica educativa: de la medición a la intervención

El uso de herramientas de inteligencia educativa permite transformar el proceso de admisión en el punto de partida de una estrategia personalizada de retención. Metodologías basadas en analítica avanzada permiten identificar perfiles de riesgo, anticipar rezagos académicos y diseñar rutas de intervención temprana que incrementen la probabilidad de éxito estudiantil.

A través de modelos de análisis avanzados, plataformas como las desarrolladas por Lexium permiten mapear el perfil cognitivo, emocional, de hábitos y de conocimientos adquiridos de cada estudiante, identificar brechas específicas y activar rutas de acompañamiento personalizadas desde el inicio de su trayectoria académica.

En 2026, la retención estudiantil dejará de depender únicamente del seguimiento administrativo para convertirse en un proceso estratégico basado en inteligencia accionable. Para las instituciones educativas, la capacidad de anticipar el abandono antes de que ocurra se perfila como uno de los principales diferenciadores competitivos en un entorno académico cada vez más exigente.